Dejo fluir las ideas que están enredadas en un ovillo. Puede que todo parezca desorganizado, cutre y tedioso, pero bien intencionado, al fin y al cabo. Como lo puede ser una persona como yo y como tú. Como lo pueden ser los pensamientos, las películas internas que recorren nuestras cabezas: desorganizadas, cutres y tediosas. Y puede que hasta irreales.
Por eso es tan maravillosa la mente y sus quimeras, mirándose todas ellas en una habitación llena de espejos colocados de tal manera que sólo se ven reír las unas a las otras. Nunca lloran, es su gran proeza (o no). Ni siquiera, cuando las consigues calmar y alejar de ti, lloran o se ponen tristes. Sólo esperan con paciencia, como un mejor amigo que está ahí hasta cuando has decidido que quieres escapar de algo que no está. Ellas también huyen, de lo que sea y a donde sea. Y se excusan con que el miedo les obliga, como si estuvieran en una especie de estado dictatorial. Creo que no entienden de amor, porque a veces éste tiene tantos límites, tan pocos barrotes y tantos destinatarios, que te encuentras en una tesitura inusual, con matices y viveza, como la rosa que determina qué parte del contrato invisible tienes que cumplir, que aceptas y que no de ese tu puto contrato (que probablemente no hayas creado ni tú).
Pero, ¿y si te digo que esas quimeras comen todos los días de caliente y tienen alojamiento para dormir? ¿Y si te digo que tú mismx le alquilaste cuanto tenías? La levedad de tu ser recordará que se olvidó de enseñarles todas esas cosas en las que van a ciegas. Y te prometes encarecidamente que volarán. Lo harán de manera preciosa y magestuosa.
Aunque no sean lo más inefable de este mundo.
Aunque a veces tu ser puro y bello signifique la absoluta caída de éstas.
sábado, 28 de enero de 2017
lunes, 9 de enero de 2017
Antroponormoadultfalocentrista.
No sé si estaréis de acuerdo conmigo,
pero yo creo que ser normal o no es algo que trasciende más allá de
unas ideas o unos comportamientos que van acorde unas leyes no
naturales. Que estas leyes no sean naturales ya es la primera señal
que pone en tela de juicio la normalidad.
La relatividad de la normalidad también
se puede ver en que cualquier problema resulta un problema si la
persona misma considera que es un problema para ella. Aquí nos
muestra lo efímero que es lo considerado normal: en un segundo algo es
normal, pero al rato puede tornarse en no normal. Y ni siquiera tiene
que pasar tiempo para que algo sea visto como normal y no normal a la
vez, la dualidad que encontramos vista desde dos cabezas diferentes.
Si la normalidad es tan efímera como
el lenguaje oral, ¿quién dice que no la establezcamos cada uno
en nuestra cabeza? Un montón de cabezas pensantes,
retro-alimentándose los unos a los otros, uniéndose en familias,
grupos de amigos, religiones, sociedades, culturas... todos éstas
plataformas de hechos que se llaman normalidad. ¿No es la normalidad
una excusa, a veces no tan obvia, de segregación y discriminación? ¿No es la
normalidad el mejor de los pretextos para atentar contra la ética y la
moralidad?
La necesidad de dejar escrito aquello
que es normal es otra señal de su fugacidad. El tiempo que se
invierte en cambiar esos escrito es otra. Como si al no escribirlo se
nos olvidase aquello que tenemos que categorizar como semejante o
diferente a nosotros. Parece algo más como una apaciguación para
cada uno de nosotros o algo más como una facilitación del trabajo a
mentes que les quema el pensamiento divergente, por él mismo.
Al igual que la normalidad, queremos
pensar en la palabra libertad y se nos abre la boca y la mirada hacia
delante al pronunciarla. La libertad está en la mirada de cada uno y
a la vez en la de ninguno. Hoy en día está muy claro que no hay
libertad ninguna, pero si la situación fuese distinta, ¿habría
libertad? ¿Y qué es la libertad en un mundo de influencias, de
sociedades, culturas e ideas sino una invención para hacernos sentir
mejor? Considero que sólo seremos totalmente libres cuando muramos,
puesto que no tendremos nada que perder ni que ganar, no deberemos
nada a nadie y nadie nos podrá influenciar (entendiendo este
concepto en su máxima amplitud: en el ámbito de las ideas, en el
ámbito emocional, etc). Aún cuando morimos le quitamos un poco de libertad a alguien, pues algo de nosotros puede quedar en esa/esas personas, las cuales pueden arrastrar nuestra carga toda la vida.
Si el ser humano va aprendiendo a vivir y a adaptarse en su entorno mediante la imitación, ¿cómo podremos tener libertad? Ni siquiera el realizar una acción que haces porque quieres, porque la has elegido tú, es libre. Probablemente te centres (consciente o inconscientemente) en que tu acción no determine la condena de las necesidades de otra persona/animal/cosa. Todo esto me hace pensar en una cosa que oí hace un tiempo: "el silencio absoluto no existe", porque aunque todo estuviese absolutamente callado, aún seguiríamos oyendo nuestro corazón latir y la sangre correr por las venas.
Si el ser humano va aprendiendo a vivir y a adaptarse en su entorno mediante la imitación, ¿cómo podremos tener libertad? Ni siquiera el realizar una acción que haces porque quieres, porque la has elegido tú, es libre. Probablemente te centres (consciente o inconscientemente) en que tu acción no determine la condena de las necesidades de otra persona/animal/cosa. Todo esto me hace pensar en una cosa que oí hace un tiempo: "el silencio absoluto no existe", porque aunque todo estuviese absolutamente callado, aún seguiríamos oyendo nuestro corazón latir y la sangre correr por las venas.
Y la libertad y la normalidad se quedaron en silencio absoluto.
Y nuestros oídos las oían latir
normales y libres.
lunes, 7 de noviembre de 2016
"My teacher has green eyes, red hair and she is nice."
La pluralidad y la diversidad parecen penadas, y así, cada
uno tiene que seguir su lucha. Normalmente por separado, porque la segregación
es lo único que parece no estar penado.
¿La lucha de los niños quién la hace? Si ni siquiera sus
propios educadores (tanto profesionales como padres) dejan de establecer una
relación de poder-sublevación. Si ni siquiera el país, genéricamente hablando, piensa en ellos. No es un
país para niños. Son ninguneados, engañados, manipulados… Pero esto es lo
“menos" jodido que se les puede hacer. Lo de quitarles su identidad es otra
historia. Estamos dejando a los niños sin identidad porque les obligamos a
hacer cosas que ellos preferirían hacer en otro momento y, además, lo hacemos constantemente. No hablo de cosas que son necesarias que hagan por su propio bien, entiendiendo por propio bien aquello que realmente lo es, no lo que pensamos nosotros (con nuestra mente turbada de adultos) que es.
Pero, ¿quién sabe cuál es la identidad de los niños, si es una sociedad pensada
para las necesidades de los mayores? Una vez, una sabia conocida me dijo que aquello
que les gusta a los niños siempre nos gustará a nosotros y que, ya que en este
mundo pasarán ellos más tiempo, lo justo es que lo hagamos a necesidades de
ambos, o lo que es lo mismo, a sus necesidades. Pero se nos olvida una cosa:
dejar de olvidar que una vez fuimos niños.
Practicamos la empatía (menos de lo que deberíamos, debo decir) con los mayores, pero no nos paramos a pensar qué siente un
niño, qué piensa un niño, qué puede necesitar… Pensamos que un niño es una
muñeca de éstas que promocionan constantemente en Navidad, que habla si la
empujas a hacerlo presionando un botón, se las puede alimentar y las hay
que hasta duermen. Fabricamos cosas para niños y las creamos nosotros, los mayores.
¿Quién nos ha dado esa libertad total? Luego nos da en la cara el mal uso/uso
incorrecto del objeto/lo que sea que hayamos creado por parte del niño; como si
hasta el descubrimiento de la vida, del juego y de las experiencias lo tuviesen
que hacer como nosotros queremos. Pero, me atrevería a aventurar, que los niños
son muchos más creativos que nosotros, no tienen nada de lo que envidiarnos. Tienen la apertura mental de alguien que está vacío y dispuesto a llenarse, utilizan el método científico sin saberlo, tienen sentido crítico desde
pequeños puesto que van a cuestionar todo el mundo (conceptual o físico) que has hecho tanto hincapié
en crear para él… Quizás es eso lo que nos fastidia: que alguien nuevo e inexperto
venga a cuestionar algo que ya tenemos bien formado. Error el nuestro ese de caer en
el enclaustramiento de la vejez, llegando así, otra vez, al punto del
arrebatamiento de la identidad del niño. Ese cierre mental no es más que la coartación del nuestro niño interno. Otro más. Les quitamos la identidad y además
ahora el sentido crítico, año tras año, en todos los ámbitos. ¿Y ese es el
futuro del que depende el mundo? ¿Seres sin identidad? Día a día gastamos
energía en quejarnos sobre la mala Educación que hay, pero amigos, la educación
la prohibimos nosotros en el momento en que contenemos las ganas de vivir de los
seres más puros, de la naturaleza propia: el caos con cierto orden. Eso son los
niños. Tememos que en nuestro mundo de estructuras se descuelgue algo, porque necesitamos creernos seres estables y maduros. Como si no estuviésemos en constante cambio, como si no tuviésemos una base estable de la que siempre hemos partido, desde que nuestra mente empezó a darse forma...
Para que la sociedad cambie necesitamos establecer una
relación de armonía con nosotros mismos, y, por ende, con los niños.Cuando todo está en armonía no es necesario probar los límites de nadie y se crea un todo que se desarrolla conjuntamente.
Necesitamos olvidar y des-olvidar. Olvidar que los niños son inferiores a
nosotros y des-olvidar que algún día fuimos niños.
Necesitamos dar amor a
nuestros sucesores, porque es el abono natural y universal, que muchas veces
evitamos utilizar porque requiere más trabajo y más salidas de nuestra maravillosa zona de confort, cayendo en lo insustancial y frío de la instrucción sin propósito alguno mas que el propio. Si les quitamos el derecho a lucha con nuestros actos/palabras, ¿quién luchará/pensará por/en ellos entonces?
-K.
martes, 1 de noviembre de 2016
"Cómodo. Sagrado. Adiós."
Adíos cauteloso, paradoja de todo lo sonoro que desprendía como si lo malgastase.
Y los espectadores, actores de segunda, con la risa de alguien que cree que ha triunfado, lloran.
Sin causa, con pausa, con cara confusa, lloran.
Un reloj desciende contabilizando cada gota, necesidad que quedó en nada con un giro de manecilla.
Todo seco. Ojos secos.
Todo mojado. El ambiente encharcado.
Todo claro. El presente cristalino.
Al final todo significó algo. ¿Al final "todo" significó "algo"?
Y los espectadores, actores de segunda, con la risa de alguien que cree que ha triunfado, lloran.
Sin causa, con pausa, con cara confusa, lloran.
Un reloj desciende contabilizando cada gota, necesidad que quedó en nada con un giro de manecilla.
Todo seco. Ojos secos.
Todo mojado. El ambiente encharcado.
Todo claro. El presente cristalino.
Al final todo significó algo. ¿Al final "todo" significó "algo"?
-K.
viernes, 29 de julio de 2016
Mirada perdida a la comprensión.
Puse los horizontes y el punto de fijación más profundos, y
lejanos a la vez, de la superficie para permitirme perder una vez la mirada en
un deseo real. Descubrir un mundo nuevo desde unos ojos y un cerebro nuevo. El
miedo del principio no lo decía en alto, pero si estaba ahí era por algo e
incomodaba el muy cabrón. Primer día con nuevo cerebro y ojos nuevos. La
torpeza es real y comprensible, pero la ilusión se ha hecho material. Un solo cerebro
nuevo dividido en miles de trocitos chiquitines y diferentes. La cantidad
enorme de peculiaridades de cada uno era como obras de arte por desmenuzar y
descubrir. No me costó mucho mirar a cada uno de ellos con asombro y amor. Y
hasta puedo decir que me identificaba con ellos, aunque a día de hoy no sé si esta sensación fue a priori o después de pasar un mes con ellos.
Los segundos, terceros, cuartos días, etc., el cerebro y
ojos nuevos se adaptaban mejor. Vas conociendo las pequeñas costumbres
repetitivas de cada uno. Hasta de los que no tienes que estar pendiente. Casi
siempre me encontraba con miradas perdidas, pero cuando me encontraba con una
que me miraba de frente, sólo hacía eso: encontrarme. A veces me hablaba como si me
pidiese que le contase qué estaba pasando por mi cabeza, puesto que con su boca
no podía. A veces sonreía. Eso era lo mejor. Yo hablaba. Pobre de mí, con ese
pensamiento de que todo se lidia hablando. Me creía ignorada, pero no. Esos
chiquitines sabían perfectamente hasta la última palabra, pero tú lo intuías
por su forma de expresarlo. Te hacían ver que la comunicación es muy amplia,
sólo si quieres y tienes ganas de entender.
También aprendí de esos pequeñines que la soledad no es tan
mala como parece. Yo ignorante, me dejaba invadir por la pena hacia esa soledad
suya. Ellos venían y me daban un abrazo y un beso dándome una respuesta amplia
e inmediata a mi pena sobre su soledad. Más que una respuesta, una lección. Y
aunque a veces parecía que siguiesen solos y su mirada no se dirigiese a ti,
sus actos y sus palabras, si les salían, sí. Su mirada podía perderse
acompañándote durante larguísimos minutos y haciéndote saber que estaba en este
mundo mostrándote de vez en cuando que estaba ahí contigo. A gusto. Tranquilo.
Calmado. Pausado. Quién sabe si reflexivo.
No todo era calma, por supuesto. “Moverse es sinónimo de estar
vivo” y sí, ellos lo estaban. A veces demasiado. A veces, intentando ver que lo
estaban, infringían daño por estar soportando convenciones innecesarias en su
mundo y tan arraigadas en el nuestro y a nosotros, que nos dedicábamos a
hacérselas ver sin reparo alguno. El daño significaba “¿por qué, maldita sea?”.
Una de esas convenciones era la mentira. No soportaban la mentira, el
chanchullo, el maquillaje de situaciones y el descubrimiento de la realidad
mucho después. Quizás aquí fue donde más me identifiqué con ellos, por ello
recibí cada uno de los golpes metafóricos y reales sin enfado y con paciencia.
Siguiendo con la ausencia de calma, recuerdo el papel de los
chiquitines y la importancia del nuestro. Podrían intentar muchas veces ponerte
al límite y tu error sería siempre verlo como el enemigo al que hay que
exterminar. Lo acertado era la disciplina en valores y en
emociones. Era divertido recordar en voz alta cómo te estabas sintiendo.
Aprendías que era una cosa que no hacías ni tú para ti mismo. También tenían frustración física inevitable y fruto de la prisa de éste nuestro ambiente con
ruidos de todo tipo y agobios de todos los colores. La frustración le golpeaba, le tapaba los oídos, sollozaba, etc., como manera de
evitarla.
Lo cierto es que no todo era tan duro. Muchas veces, o la
mayoría del tiempo, podría llamarse agotador, sin ser sinónimo de algo pesado e
inaguantable. El aprendizaje, el cariño, la comprensión, la atención, nuevas
perspectivas, vitalidad, etc., que recibías de ellos, pesaba mucho más. Y eso no se podía pagar.
Lo cierto es que
costaba no levantarse con ganas y tener la certeza de que, aunque ellos sean
más de patrones repetitivos,tú siempre ibas a descubrir algo nuevo. Y esa era la
magia de llevar un cerebro y ojos que no eran tuyos: estar dispuesta a
comprender la novedad y apreciarla como tal.
No estaba sola en esa tarea, me acompañaban día a día,
haciendo todo más fácil. Y oye, al final, cuando estás pillando el truco de
magia, tienes que recoger el espectáculo.
Con buen sabor de boca. Y sonriendo con la mirada. ¿Qué más
da si perdida o no? Siempre habrá un interlocutor dispuesta a encontrarla.
Y joder, muchas gracias.
miércoles, 22 de junio de 2016
Emptiness.
No sé ni por dónde empezar. Siempre que quiero analizar una
situación, parto desde un punto fijo irrebatible para buscar una base sólida.
¿Dónde está el fallo entonces? Que no hay base sólida, no sé hacia dónde
remontarme. No hay nada. O hay tanto que acaba cayendo por su peso o lo acaban
haciendo caer y acaba siendo nada. Entonces me remonto a una verdad aceptable:
no hay nada. Vacío. Miro a mi alrededor, levanto piedras, escavo tierras llenas
de piedras, buceo en aguas pantanosas…y nada. Vacío. Da rabia que se vea algo
tan mundano, con la cantidad de estímulos que tenemos al alcance. Da rabia que
no queramos verlos, que lo blanco sea negro y que lo negro sea denigrante. Que
lo triste sea motivo de risa y que la risa sea de todo menos genuina. Que lo
complicado sea divertido y merezca perder tu dignidad por ello, y que lo real y
suficiente no sea necesario y no merezca ni tu tiempo. La esperanza falsa del “llegar
a ser algo”, “llegar a ser alguien”, sin calcular si a este ritmo podríamos
llegar a algún lado. O si es necesario llegar a eso. El anhelo de algo que no
eres y quieres llegar a ser te nubla y ves cualquier forma válida para
conseguirlo. Cualquier forma. Causa y efecto. ¿Y qué pasa con el proceso?
Abarca demasiadas cosas para poder controlarlo. Joder, ¿cómo vamos a anhelar
ser algo si ni siquiera anhelamos el proceso que es tan nuestro, que es tan
nosotros, que es nuestra elección? ¿Cómo pretendemos no encontrar que se nos
devuelve lo que proyectamos en el exterior? Amamos vacíamente, nos aman vacíamente.
Hacemos algo que no nos gusta, tenemos al final un producto que no nos gusta
(trabajo, estudios, educación…). Robamos aspiraciones, nos arrebatan las
nuestras. Amargamos al de al lado, nos amargan a nosotros. Y el que más me
gusta: decimos que nos queremos a nosotros mismos, y nos quejamos de que no nos
quieren. Igual hay algo que no estamos haciendo bien, igual hay algo vacío en
esa última frase que parece lleno… como todo.
-K.
viernes, 15 de abril de 2016
14 de abril: otro manifiesto. Otro punto de vista.
Voy a dejar
atrás lo de repetiros qué conlleva la LOMCE o el 3+2 y yo voy a hablaros de
vosotros y de la educación. Ayer, preguntando a la gente sobre si asistirían o
no a esta concentración me encontré con varios argumentos como: “no tengo
tiempo para esas cosas”, “no afecta a mi carrera”, “si al final siempre hacen
lo que quieren” … Vosotros, que estáis aquí, cuando escucháis eso, ¿qué
pensáis? Os voy a decir lo que pienso yo: tonterías, siendo muy suave. La
educación no es sólo nuestra, de los que estamos ahora, aquí, en este mundo. Lo
que va a quedar irá para nuestros hijos y sucesores. Pero creo que, aunque éste
sea un motivo lo suficientemente importante como para pelear por tus derechos,
va más allá. Se trata de elegir lo que quieres, pensar en lo que quieres y
hacer lo que quieres. Vivimos unos días en los que pararse a reflexionar sobre
algo que nos concierne o no, es de “pseudo-filósofos”, porque nos dan todo
hecho y nos gusta eso, es mucho más cómodo. ¿Eso es lo que queremos?
Lo primero que
tenemos que pensar qué tipo de educación nos gustaría tener y, creo, todos
estamos de acuerdo en que fomentar el concepto de inteligencia vigente hoy en
día, no es lo que queremos. Este concepto es aquel que mide tu capacidad de
memorizar y ser el más competente y mejor en todo tipo de calificaciones. ERROR.
Ya establecía Howard Gardner, un profesor de la universidad de Harvard, que
había 8 tipos de inteligencias y hasta se está explorando la posibilidad de que
haya una novena. 8 tipos, ¡guau! Inteligencia musical, inteligencia
interpersonal, inteligencia espacial, inteligencia lógico-matemática, etc. ¿Por
qué se obvia eso? ¿Dónde quieren llegar al no estimular todos esos tipos de
inteligencia? Creo que hay una realidad latente que cada día deja de serlo, o esa
es mi esperanza, y es que no elegimos para nada lo que queremos y tampoco nos
importa, que es lo triste. Con enfocarnos en lo que quieren de nosotros, al
final acabamos vacíos, cansados y sin saber quiénes somos, y eso no es
educación. Educación es oportunidad, aprendizaje, elección, error, libertad… Si
alguien ha visto Braveheart, sabe que ese tipo de locuras y de lucha por tus
derechos, pueden tener un final feliz. Es pura y simple historia.
Para acabar,
voy a mencionar una cita que vi hace un tiempo y me gustó mucho. Dice así:
“creeré en la humanidad el día que el rincón de pensar deje de considerarse un
castigo”. La educación es algo más que
un suplicio por el que pasar con pesadez y arrastrar por nuestros días. No
dejéis que nos quiten su significado. Gracias y, ¡a ser felices!
-C. Macías (14/4/16 - Albacete)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





