viernes, 26 de junio de 2015

Baile de disfraces y antifaces.

Las personas de medias confianzas y su moneda para pagar.
El dar la mitad de ti y dejar contento al mundo. O al menos tú sí quedas contento, que eso es lo único que importa.
Intereses propios e intereses fingidos, ambos el modus operandi que viene ahora por defecto.
Unas medio-idas, unas venidas enteras, con todo tu ser para recibir y medio-ofrecer.
¿Eso es lealtad? Eso es realidad.
El descarte del día a día, el pito pito gorgorito a ti también te toca dejar de ser mi mito.
Y así van pasando las páginas de un libro aburrido, las personas en una estación de tren, la oportunidades en la vida...
¿Qué queda?
El dolor intercalado de descartar personas en las que confiabas (a medias).
La decepción de haberte roto delante de cualquier alguien (entero).

sábado, 13 de junio de 2015

¿Qué sabréis tú y el tiempo?

¿Qué sabrás tú de dejar ir libre a alguien si no comprendes lo que es caminar a su lado? ¿Qué sabrás tú de un sentimiento que malamente has profesado? ¿Qué pretendes? ¿Contarle al amor qué es mirar a alguien con una sonrisa en la cara y los ojos brillantes? No pretendas contar a la ilusión qué es esperar minutos enteros sin enfadarte. No quieras contarle a la comprensión qué es llevar a tu pareja a que se le pase la cantidad de alcohol en sangre después de una noche de borrachera. No intentes contarle al cariño qué es un beso en la frente de la persona que quieres. No busques decirle a la honestidad qué es ser totalmente transparente en el peor de tus actos. Procura no decirle a la fidelidad qué es tener una única y especial persona contigo. No desees hablarle al respeto sobre lo que es interponer a la persona que quieres antes que tus intenciones egoistas.No intentes hablar de algo que no sabes ni haz sabido hacer, porque eso te coloca en la lista de ignorantes que tanto odias. 


"Los recuerdos, si queman, es en frío. El mismo frío que algún día terminará por apagarlos. Qué paradoja." 
                                                            
Quisiera creer que el tiempo hará que el sol haga que las nubes, que tapan algo tan puro, desaparezcan totalmente, pero, ¿qué sabréis el tiempo y tú? Si habéis ido vagando a ciegas sin saber qué buscábais. 
Los valores en esta sociedad parecen lastres, cada día lo son más, y cada día queda más gente que hace que esos valores se queden en una cuneta sin ser recogidos por nadie. Y eso es una pena. Es una pena que no sepáis valorar aquello que tenéis y que sabéis que no vais a encontrar en otro lugar. ¡Bendita sociedad con taras! Ahora entiendo cuando nuestros antecesores se casaban con su primer novio/a; sabían lo debastadora que llegaba a ser una ruptura y tenían en mente la consecuencia de ello y el valorar algo con la cuantía que se merece. Entonces, por favor, no hables de añoranza a esos tiempos, si estás perfectamente acomodado a la actitud descarada de estos. No le hables a la verdad, siendo hipocresía y enredo. Lo que sí habla ahora es el enfado, pudiendo hablar la tristeza de aquellos tiempos en los que el sentimiento rebosaba y los días pasaban con una felicidad del que está en las nubes, con la confianza del que va ciego cogido de la mano del otro, con la complicidad de aquellos que están enamorados y sólo ellos saben de que hablan. La melancolía también quería contar aquellos detalles preciosos que recibía, aquellos abrazos en su momento justo y aquellos tan inesperados, aquellos besos que nunca estaban de más, aquellas palabras de aliento junto a un te quiero que salían cuando más falta hacían, aquellas tardes, noches, días gastados haciendo nada y todo a la vez, aquellas veces en las que no había terminado un día y ya estábamos deseando que empezase el otro para vernos otra vez. Pudiendo hablar todos estos sentimientos, que siempre van a acabar en lágrimas, habla el enfado y la frialdad. Ellos tienen más que decir, más que expresar, más de lo que darse cuenta. Así que, no intentes hablar tú y contarle a todos ellos aquello que contabas y crees que entendías. 
No intentes nada, porque no procede. 

Al menos ya no. 


                                                                                                                          -K

lunes, 8 de junio de 2015

Supercalifragilisticuespialidoso pensamiento.

¿Una infelicidad auto-inducida? ¿una voz interior que te dice " párate, analízate"? La mente trabaja cada minuto, segundo, milésima, buscando algo de lo que preocuparse, pero no todo tipo de mentes. Aquí aparecen los tipos de persona que yo llamo "Los Follamentes analíticos". Una bendición  y una maldición a la vez. A veces pensar demasiado nos hace chocarnos con la realidad y después tener que pedirle perdón; o que simplemente aparezca una realidad en modo fantasma y acabemos dudando de si verdaderamente existe o no.  Somos mentes pensantes que buscan encontrar sentido a cualquier tipo de suceso que se nos presente, así que,  acabamos creyendo en esa realidad fantasmagórica. Sin embargo,  sin pensamientos ni razonamientos, no hay preocupación, ni movilización para una acción. El hecho de pensar en hacer algo es como si realizases aquello que piensas. Y si pensar cosas tristes nos hace estarlo, ¿por qué lo seguimos haciendo? ¿Dejar de pensar de esa manera es un tipo de auto-engaño? ¿Pensar es la luz dentro de la oscuridad de la que hablaba Gustav Jung? Unos dicen piensa mal y acertarás. Yo digo piensa, acierta y sé feliz. Pero un día un viejo y gran amigo me dio una lección: no es cuestión de acertar, se trata de elegir. "Piensa, elige y se feliz. Porque no siempre se acierta,  ¿sabes, Cristi? Muy pocas veces en realidad. Pero siempre tenemos que elegir. Todos los días tomamos decisiones (más o menos importantes). Pero, el hecho de estar a todas horas tomándolas, ya debería ser suficiente para que tiremos para adelante con ellas. Eso sí, siempre mirando el lado positivo de todas y cada una". Y ahí, no pude estar más de acuerdo, colega.

                                                 - K (& M)

sábado, 30 de mayo de 2015

Paso a paso, sorbo a sorbo.

En estos días me bebo tragos y tragos de vida para darle un poco de energía,  pero hay veces que ese chute de vida,  repleto de energía, no hace efecto. Te acostumbras al sabor de la energía y dejas de responder a ella. Dejas de responder a la vida o mandas una respuesta que no procede, que no es bien recibida. Todo proceso o actividad tiene un margen de error, toda vida tiene un margen de error: un margen para parar un rato en el suelo mientras vas sobrevolando por el cielo.  Lo equívoco está en ocupar ese margen de error más de lo debido. Perdemos completamente el sentido de nuestro propio ser,  que paradójicamente es lo que nos rodea. Que vivamos en un contexto es una realidad. Pero a veces se nos olvida esa cuestión; a veces estamos demasiado centrados en que tenemos frío, pedimos algo para taparnos y aliviamos eso, y no nos damos cuenta de que alguien ha dejado sus necesidades y su chaqueta para que tú dejes de pasar frío; a veces nos enfada alguna nimiedad sobre otra persona que "atenta" contra nosotros y no nos damos cuenta de que a veces esa persona también se ha visto atacada por una mala situación sin recibir ningún alivio por nuestra parte; a veces avanzamos pensando que no hemos sido descubridores de la gran verdad absoluta y no nos damos cuenta de que tenemos un conjunto pequeño de certezas que son imprescindibles para seguir con nuestra búsqueda de la gran verdad... Por eso, hace tiempo decidí caminar por la vida con la certeza de que cada paso que doy servirá para algo y que en ese paso contemple todo lo que me ha llevado hasta darlo, y así , nunca fallo.

martes, 5 de mayo de 2015

Tu mejor obra.

La mayoría del tiempo siempre te encontrarás a alguien que no te deje alcanzar los 300km/h y despegar, incluso intentarán no dejar que te eleves ni un poquito, les sabrá mal hasta que camines a su misma altura pero por distinto camino. El arte de querer que otros vivan de la manera en la que nosotros viviríamos, en realidad no es un arte. Arte es dejarte el alma en lo que creas, creando algo nuevo, o no tan nuevo; intentando llenar almas terrenales, o no tan terrenales; arte es disfrutar con lo que haces y hacerlo bien; arte es un suspiro en una noche de agosto viendo las estrellas. Lo que tengo claro es que, no dejar caminar a alguien por su propio sendero y realizarse, no es arte. Y yo, que soy una admiradora de esa virtud de la humanidad, no voy a dejar que me chafen la obra.

                                                                                                                     -K

jueves, 12 de marzo de 2015

Resaca de vivir.

Un abrazo ayer, un adiós hoy, un "hasta que nuestros sentimientos se vuelvan a chocar" para mañana... Lo que pasamos día a día en conjunto deberían llamarlo "marronazo gordo", en vez de vida. La vida se trata de cosas pequeñas, cosas que se van uniendo y forman el todo armónico. Una armonía puede ser buena, muy buena o simplemente mala, pero, ¿quién las clasifica de esa manera? Nosotros, oyentes a veces sordos. Nosotros, oyentes con necesidad de un artilugio que nos haga oír mejor. Nosotros, que sólo oímos las partes que queremos y las repetimos una y otra vez para no encontrarnos, no diferenciar entre las notas y nosotros. ¿No es esto equiparable a la vida? ¿No es la vida un marrón en sí misma? Estás metido hasta el fondo en ello, eso lo sabes. A veces no sabes ni por donde empezar, a veces sólo te hace falta un empujoncito, a veces, simplemente, te supera ese gran marrón... Es una ley natural constante, esa ley que de repente un sábado noche te pones a discutir con tus colegas como cualquier conversación normal de vino y compañía, algo así como un enrevesado complejo, con muchas salidas y múltiples opciones de operar para obtener lo que quieres. Así es la vida, ¿no? Así es, tan efímera como una discusión de sábado noche entre alcohol y bromas. Y es que vivir también deja resaca. Las experiencias dejan resaca. ¿Y si nos emborrachamos?




                                                                                                    -K
    

miércoles, 25 de febrero de 2015

El reloj de la reconsideración.

Tanto el hecho de pensar que valoramos algo, como unas palabras soltadas al aire, son lastres. Es curioso que tengamos que notar su ausencia para otorgarle un determinado valor. El frío nos hace saber qué es el calor, el dolor nos hacer saber qué es el placer, las cosas malas hacen que sepamos cuándo nos pasan cosas buenas... Muchas veces, las alegrías son desgracias maquilladas por una reconsideración. Reconsiderar es volver a reflexionar sobre algo, volver a etiquetarlo, volver a valorar su cuantía. Somos comerciantes torpes que erran constantemente en el precio que colocarle al "producto", con una única diferencia: ellos pueden retirar el precio de frágil papel y colocarle otro nuevo; nosotros también, pero nada te garantiza que después de tu error ese "producto" se encuentre en el mismo estado.
Sobrevalorar e infravalorar, ambos bombas de relojería. Dar más valor del que merece, dar menos valor del que merece... ¿No estaba la virtud en el término medio? Nos faltan tantos términos medios y nos sobran tantos extremos que nos hacen dar pasos en falso, caer hondo y sin cuerda para volver a subir. Pero. ¿sabes qué? De eso aprendemos, te lo juro, lo hacemos; como nunca antes lo hemos hecho. Volvemos al principio: ausencia para que podamos otorgarle el valor que merecía a aquello que nos falta. Y aquí estamos perdidos... lo hemos perdido.