sábado, 30 de mayo de 2015

Paso a paso, sorbo a sorbo.

En estos días me bebo tragos y tragos de vida para darle un poco de energía,  pero hay veces que ese chute de vida,  repleto de energía, no hace efecto. Te acostumbras al sabor de la energía y dejas de responder a ella. Dejas de responder a la vida o mandas una respuesta que no procede, que no es bien recibida. Todo proceso o actividad tiene un margen de error, toda vida tiene un margen de error: un margen para parar un rato en el suelo mientras vas sobrevolando por el cielo.  Lo equívoco está en ocupar ese margen de error más de lo debido. Perdemos completamente el sentido de nuestro propio ser,  que paradójicamente es lo que nos rodea. Que vivamos en un contexto es una realidad. Pero a veces se nos olvida esa cuestión; a veces estamos demasiado centrados en que tenemos frío, pedimos algo para taparnos y aliviamos eso, y no nos damos cuenta de que alguien ha dejado sus necesidades y su chaqueta para que tú dejes de pasar frío; a veces nos enfada alguna nimiedad sobre otra persona que "atenta" contra nosotros y no nos damos cuenta de que a veces esa persona también se ha visto atacada por una mala situación sin recibir ningún alivio por nuestra parte; a veces avanzamos pensando que no hemos sido descubridores de la gran verdad absoluta y no nos damos cuenta de que tenemos un conjunto pequeño de certezas que son imprescindibles para seguir con nuestra búsqueda de la gran verdad... Por eso, hace tiempo decidí caminar por la vida con la certeza de que cada paso que doy servirá para algo y que en ese paso contemple todo lo que me ha llevado hasta darlo, y así , nunca fallo.

martes, 5 de mayo de 2015

Tu mejor obra.

La mayoría del tiempo siempre te encontrarás a alguien que no te deje alcanzar los 300km/h y despegar, incluso intentarán no dejar que te eleves ni un poquito, les sabrá mal hasta que camines a su misma altura pero por distinto camino. El arte de querer que otros vivan de la manera en la que nosotros viviríamos, en realidad no es un arte. Arte es dejarte el alma en lo que creas, creando algo nuevo, o no tan nuevo; intentando llenar almas terrenales, o no tan terrenales; arte es disfrutar con lo que haces y hacerlo bien; arte es un suspiro en una noche de agosto viendo las estrellas. Lo que tengo claro es que, no dejar caminar a alguien por su propio sendero y realizarse, no es arte. Y yo, que soy una admiradora de esa virtud de la humanidad, no voy a dejar que me chafen la obra.

                                                                                                                     -K

jueves, 12 de marzo de 2015

Resaca de vivir.

Un abrazo ayer, un adiós hoy, un "hasta que nuestros sentimientos se vuelvan a chocar" para mañana... Lo que pasamos día a día en conjunto deberían llamarlo "marronazo gordo", en vez de vida. La vida se trata de cosas pequeñas, cosas que se van uniendo y forman el todo armónico. Una armonía puede ser buena, muy buena o simplemente mala, pero, ¿quién las clasifica de esa manera? Nosotros, oyentes a veces sordos. Nosotros, oyentes con necesidad de un artilugio que nos haga oír mejor. Nosotros, que sólo oímos las partes que queremos y las repetimos una y otra vez para no encontrarnos, no diferenciar entre las notas y nosotros. ¿No es esto equiparable a la vida? ¿No es la vida un marrón en sí misma? Estás metido hasta el fondo en ello, eso lo sabes. A veces no sabes ni por donde empezar, a veces sólo te hace falta un empujoncito, a veces, simplemente, te supera ese gran marrón... Es una ley natural constante, esa ley que de repente un sábado noche te pones a discutir con tus colegas como cualquier conversación normal de vino y compañía, algo así como un enrevesado complejo, con muchas salidas y múltiples opciones de operar para obtener lo que quieres. Así es la vida, ¿no? Así es, tan efímera como una discusión de sábado noche entre alcohol y bromas. Y es que vivir también deja resaca. Las experiencias dejan resaca. ¿Y si nos emborrachamos?




                                                                                                    -K
    

miércoles, 25 de febrero de 2015

El reloj de la reconsideración.

Tanto el hecho de pensar que valoramos algo, como unas palabras soltadas al aire, son lastres. Es curioso que tengamos que notar su ausencia para otorgarle un determinado valor. El frío nos hace saber qué es el calor, el dolor nos hacer saber qué es el placer, las cosas malas hacen que sepamos cuándo nos pasan cosas buenas... Muchas veces, las alegrías son desgracias maquilladas por una reconsideración. Reconsiderar es volver a reflexionar sobre algo, volver a etiquetarlo, volver a valorar su cuantía. Somos comerciantes torpes que erran constantemente en el precio que colocarle al "producto", con una única diferencia: ellos pueden retirar el precio de frágil papel y colocarle otro nuevo; nosotros también, pero nada te garantiza que después de tu error ese "producto" se encuentre en el mismo estado.
Sobrevalorar e infravalorar, ambos bombas de relojería. Dar más valor del que merece, dar menos valor del que merece... ¿No estaba la virtud en el término medio? Nos faltan tantos términos medios y nos sobran tantos extremos que nos hacen dar pasos en falso, caer hondo y sin cuerda para volver a subir. Pero. ¿sabes qué? De eso aprendemos, te lo juro, lo hacemos; como nunca antes lo hemos hecho. Volvemos al principio: ausencia para que podamos otorgarle el valor que merecía a aquello que nos falta. Y aquí estamos perdidos... lo hemos perdido.

lunes, 9 de febrero de 2015

Un papel en el fuego.




Érase una vez...no. En un lugar donde la magia...no. Hace mucho mucho tiempo...no. Bueno, dejémonos de cuentos. Esto es la realidad. La cruda y fresca realidad. Fresca porque cuando te viene a la cara es como si te tirasen una jarra de agua fría. Porque no te lo esperas, porque te viene de la nada. Te rompe. Romperse puede ser bonito. La gente puede romper a reír de carcajadas, romper a llorar de emoción, romperse a la hora de escribir y abrir su caja de Pandora interior... Sí, es bonito, ¿no? Pero quizás por condicionamiento se nos ha inculcado que romper es algo feo, algo doloroso. Y bueno, doloroso sí que es. Pero, ¿por qué el dolor tiene que ser feo? Ibas andando, despistado, mirando al móvil, y te caes. Duele. Te peleas con alguien que te tira al suelo de una. Duele. Tu madre te pega una bofetada porque haces algo mal. Duele. Pero de todo este dolor físico aprendes que debes fijarte más en las cosas que te rodean, que hay que buscar la paz contigo mismo y con los demás, que debes actuar siempre consecuentemente... Todo ese dolor te proporciona lecciones y ganas de hacerlo bien. Pero, ¿qué pasa con el dolor emocional? ¿Qué pasa con esos puñales invisibles que se te clavan sin darte cuenta? ¿Qué pasa con esas ganas de censurar todo aquello que crees que te va a dañar con sólo mirarlo? ¿Qué pasa con las ganas de alejarte de aquello que te va a consumir como si fueses un papel en el fuego? ¿No os duele con sólo pensarlo? Quizás el matiz que hay que hacer no es que el dolor sea feo, si no que no es agradable, pero es necesario. Nos vamos a romper unas cuantas veces, nos van a romper muchas otras más, pero será necesario. Será imprescindible recrearnos en ese dolor, convertirlo en odio para después encontrar la manera de que se transforme en mariposa y vuele. Sólo así estaremos liberados y podremos decirle a ese dolor: “sí, has seguido siendo mi motivo de inspiración para escribir, pero nunca más de la manera en la que te gustaba, capullo”. 

                                                                                                           -K

domingo, 1 de febrero de 2015

Exhalar.

Dejamos un ratito para que nuestros deseos más profundos se juntasen. Dejamos un ratito para unir nuestros corazones desnudos. Sin influencias, sin ideas que interfiriesen, sin nada. Naturaleza pura del sentir, una tregua para nuestras almas. El verdadero sentimiento. Pequeño momento de escape, antes de volver a la bofetada de la realidad.
                                                                              
                                                                 -K


martes, 13 de enero de 2015

Pregúntale al frío.

-Eso es amor y lo demás son tonterías, eh.
+¿Qué?
-Lo digo por el frío, bonicos. Con el frío que
hace para estar ahí, eso es amor.
El frío lo único que ha hecho con nosotros es permitirnos congelar ciertos momentos. Siempre me he dicho que las cosas grises no son tan vacías y planas como se ven, y si así pareciesen, podemos darle nuestro matiz propio para hacerlas más bellas. Esa es una cualidad, que a mi parecer, hace enorme a cualquiera. "Bienaventurado aquel que sabe emplear todo lo que se le brinda". ¿No existe un dicho así? Debería. Al igual que nosotros deberíamos guardarlo muy adentro para no tener ni que considerarlo, para que simplemente podamos hacerlo automático. Y para aprovechar lo bueno y lo peor de esta existencia siempre es mejor teniendo compañía. Pero para una faena así no busques cualquier compañía, no te valdrá. ¿Sabéis de ese tipo de compañía que te da la sensación de que por mucho tiempo que llueva, que llueva fuerte, con ganas, rompiendo todo, siempre volverás a elegir? Ese tipo de compañía, la buena.