miércoles, 25 de febrero de 2015

El reloj de la reconsideración.

Tanto el hecho de pensar que valoramos algo, como unas palabras soltadas al aire, son lastres. Es curioso que tengamos que notar su ausencia para otorgarle un determinado valor. El frío nos hace saber qué es el calor, el dolor nos hacer saber qué es el placer, las cosas malas hacen que sepamos cuándo nos pasan cosas buenas... Muchas veces, las alegrías son desgracias maquilladas por una reconsideración. Reconsiderar es volver a reflexionar sobre algo, volver a etiquetarlo, volver a valorar su cuantía. Somos comerciantes torpes que erran constantemente en el precio que colocarle al "producto", con una única diferencia: ellos pueden retirar el precio de frágil papel y colocarle otro nuevo; nosotros también, pero nada te garantiza que después de tu error ese "producto" se encuentre en el mismo estado.
Sobrevalorar e infravalorar, ambos bombas de relojería. Dar más valor del que merece, dar menos valor del que merece... ¿No estaba la virtud en el término medio? Nos faltan tantos términos medios y nos sobran tantos extremos que nos hacen dar pasos en falso, caer hondo y sin cuerda para volver a subir. Pero. ¿sabes qué? De eso aprendemos, te lo juro, lo hacemos; como nunca antes lo hemos hecho. Volvemos al principio: ausencia para que podamos otorgarle el valor que merecía a aquello que nos falta. Y aquí estamos perdidos... lo hemos perdido.

lunes, 9 de febrero de 2015

Un papel en el fuego.




Érase una vez...no. En un lugar donde la magia...no. Hace mucho mucho tiempo...no. Bueno, dejémonos de cuentos. Esto es la realidad. La cruda y fresca realidad. Fresca porque cuando te viene a la cara es como si te tirasen una jarra de agua fría. Porque no te lo esperas, porque te viene de la nada. Te rompe. Romperse puede ser bonito. La gente puede romper a reír de carcajadas, romper a llorar de emoción, romperse a la hora de escribir y abrir su caja de Pandora interior... Sí, es bonito, ¿no? Pero quizás por condicionamiento se nos ha inculcado que romper es algo feo, algo doloroso. Y bueno, doloroso sí que es. Pero, ¿por qué el dolor tiene que ser feo? Ibas andando, despistado, mirando al móvil, y te caes. Duele. Te peleas con alguien que te tira al suelo de una. Duele. Tu madre te pega una bofetada porque haces algo mal. Duele. Pero de todo este dolor físico aprendes que debes fijarte más en las cosas que te rodean, que hay que buscar la paz contigo mismo y con los demás, que debes actuar siempre consecuentemente... Todo ese dolor te proporciona lecciones y ganas de hacerlo bien. Pero, ¿qué pasa con el dolor emocional? ¿Qué pasa con esos puñales invisibles que se te clavan sin darte cuenta? ¿Qué pasa con esas ganas de censurar todo aquello que crees que te va a dañar con sólo mirarlo? ¿Qué pasa con las ganas de alejarte de aquello que te va a consumir como si fueses un papel en el fuego? ¿No os duele con sólo pensarlo? Quizás el matiz que hay que hacer no es que el dolor sea feo, si no que no es agradable, pero es necesario. Nos vamos a romper unas cuantas veces, nos van a romper muchas otras más, pero será necesario. Será imprescindible recrearnos en ese dolor, convertirlo en odio para después encontrar la manera de que se transforme en mariposa y vuele. Sólo así estaremos liberados y podremos decirle a ese dolor: “sí, has seguido siendo mi motivo de inspiración para escribir, pero nunca más de la manera en la que te gustaba, capullo”. 

                                                                                                           -K

domingo, 1 de febrero de 2015

Exhalar.

Dejamos un ratito para que nuestros deseos más profundos se juntasen. Dejamos un ratito para unir nuestros corazones desnudos. Sin influencias, sin ideas que interfiriesen, sin nada. Naturaleza pura del sentir, una tregua para nuestras almas. El verdadero sentimiento. Pequeño momento de escape, antes de volver a la bofetada de la realidad.
                                                                              
                                                                 -K


martes, 13 de enero de 2015

Pregúntale al frío.

-Eso es amor y lo demás son tonterías, eh.
+¿Qué?
-Lo digo por el frío, bonicos. Con el frío que
hace para estar ahí, eso es amor.
El frío lo único que ha hecho con nosotros es permitirnos congelar ciertos momentos. Siempre me he dicho que las cosas grises no son tan vacías y planas como se ven, y si así pareciesen, podemos darle nuestro matiz propio para hacerlas más bellas. Esa es una cualidad, que a mi parecer, hace enorme a cualquiera. "Bienaventurado aquel que sabe emplear todo lo que se le brinda". ¿No existe un dicho así? Debería. Al igual que nosotros deberíamos guardarlo muy adentro para no tener ni que considerarlo, para que simplemente podamos hacerlo automático. Y para aprovechar lo bueno y lo peor de esta existencia siempre es mejor teniendo compañía. Pero para una faena así no busques cualquier compañía, no te valdrá. ¿Sabéis de ese tipo de compañía que te da la sensación de que por mucho tiempo que llueva, que llueva fuerte, con ganas, rompiendo todo, siempre volverás a elegir? Ese tipo de compañía, la buena.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Algo.

"No lo puedes ver, pero sabes que está ahí,
lo sientes. Lo sientes cerca de ti."
Algo inusual. Algo incomprensible. Algo sublime. Algo increíblemente genial. Algo... algo único. Es lo que contestaría alguien que tiene “un algo” rondando siempre por la cabeza. Ese algo te vuelve loco, tanto como para bien como para mal. Tiene la capacidad de hacerte sentir como si levitases; tus pies están en el suelo, sí, pero tu cabeza está lejos, pensando qué te pasa, por qué es tan genial todo. Ese algo además tiene la capacidad de envolverte con sus enormes brazos y hacerte sentir protegido, con ganas de enfrentarte a un batallón entero de soldados, tú sólo. Ese algo tiene la capacidad de besarte el alma y lo que no es el alma, y que se te estremezca hasta el cerebro. Cuando estás al lado de éste, ¿no te parece como si estuvieseis en una burbuja impenetrable? Una de esas donde no pasa el frío, el aire, el murmullo de la gente... donde sólo está tu aliento, el suyo y un par de latidos desfasados. Cuando ese algo está lejos... ¿cómo es posible que algo, estando lejos de ti, te atrape tanto? Debe ser algún tipo de fuerza química o aún mejor, alguna fuerza metafísica que te arrastra como sin querer. Piensas: 'qué bien me siento, joder', 'qué genial tener algo así', 'voy a respirar un poco más de este aire'... ¿Y si hablamos del recuerdo de ese algo? ¿De las cosas que no se pueden contar? Bah, mejor no decir nada, porque nadie lo entendería. Esas cosas incomprensibles para el resto, que te envuelven en un algo, que lo mantienen cerca de ti. Pero no un algo cualquiera, no. Un algo con nombre y apellidos.

                                                                                                                    -K

jueves, 7 de agosto de 2014

Trouver ou perdre?

Sentirse fuera de lugar. No sé exactamente cómo definir este concepto. Porque, para cada uno creer que no está en el sitio que pertenece, simboliza una cosa. Depende de la gente que te acompañe, de las experiencias que te sigan detrás (o te hayan seguido y ahora hagan mella las muy putas), del lugar donde te encuentres... Bueno, hablemos de mí. Sí, ya toca hablar de mí. Esa es una de las cosas en las que me siento fuera de lugar, como si no estuviese en el lugar de aquellos que sí tienen un lugar en mí. Piensas 'bah, deja de guardarles un hueco en tus preocupaciones diarias' , pero no, no te sale. 'Que si no eres malo, te comen' , dicen, y a mí personalmente no me gusta esta frase. Ojalá me gustase y pudiese interiorizarla, pero no está en mi ser, lo siento.
Otra forma de sentirme fuera de lugar es no estar nunca contenta con lo que tengo. Pero, ¿las cosas que tienes son buenas? Y algunos dirán que todo eso es subjetivo, que si sabes darle el valor que les pertenece, blablabla. TONTERÍAS. Puedes tener muchas cosas, pero, ¿cuántas de ellas te causan más alegrías que malos ratos? Y cuando te estás empapando de esas cosas, ¿cuántas veces te sientes plena? Eso es sentirse fuera de lugar. Como si no encajases allá donde vas, como si todo lo que te faltase en un lado, lo encuentras en otro en el que también te faltan muchas otras cosas. Nunca llueve a gusto de todos, decía Melendi. Pero siento que nunca llueve a mi gusto y no sé si es pesimismo ya adaptado a mi ser o que realmente es así, pero en verdad, siempre me falta algo. Tengo muchas cosas buenas, eso sí que es verdad. Y tengo que aprender a apreciar más esas cosas, eso es otra gran verdad. Pero ahora no puedo. Y permitídmelo, no puedo (o no quiero).

Cansada. Estoy profundamente cansada. Necesito encontrarme y dejar de pensar que los tiempos seguirán siendo así, todo rutina, mala rutina que se repite una y otra vez sin dejarme escapar, y para ello... para ello necesito perderme.
                     

                                                                                                                                            -K.

viernes, 27 de junio de 2014

Las despedidas aterran.

¿No os pasa que a veces soportamos miles de sobradas delante de todo el mundo por parte de alguien, miles de malas miradas, miles de desplantes, miles de pullas, de celos, de no hablaros, la no simpatía momentánea (o duradera)... soportar todo eso, pero no que se ese alguien se vaya lejos y que ni siquiera podáis tener vuestro adiós merecido? Tenemos la extraña manía de, a veces ,preferir estar mal acompañados a que te quiten a ese alguien de tu lado y no verle más.

                                                                                                                       
     -K